20 de diciembre de 2014

Respuesta de Julio Cortazar a una Alumna - Clase de Literatura, UCA,Berkeley 1980





ALUMNA : Una última pregunta: ¿en qué escribe usted, en español o castellano, o en francés? 

No, no, creo que los que han leído o han oído algunos fragmentos de estos cuentos se darán cuenta de que no están traducidos. Escribo y escribiré toda mi vida en español; el francés lo guardo para la correspondencia cuando tengo que escribirle a algún francés. El español es mi lengua de escritor y hoy más que nunca creo que la defensa del español como lengua forma parte de una larga lucha en América Latina que abarca muchos otros temas y muchas otras razones de lucha. La defensa del idioma es absolutamente capital. Si hay un espectáculo penoso es el de latinoamericanos que al cabo de muy poco tiempo en un país extranjero permiten que su idioma se degrade y el segundo idioma comience a entrar; hay una excepción a esto que estoy diciendo y es el caso de las gentes de un nivel mínimo de educación, porque no se les puede exigir de ninguna manera que tengan un control crítico de su lenguaje. Hay gente que jamás ha reflexionado en lo que es el lenguaje: les enseñaron a hablar y algunos de ellos pensarían que nacieron hablando si no vieran que los niños tienen que aprender. La noción crítica de qué es el lenguaje, ese proceso maravilloso que todos nosotros hacemos porque estamos en un nivel de reflexión, hay mucha gente que no la tiene por razones de vida, de ignorancia. Cuando esa gente emigra y va a un segundo país, su propio idioma se degrada rápidamente porque no tienen ninguna defensa contra eso. Es lo que sucede en Francia a muchos inmigrantes que vienen de Portugal y de España. Sobre todo los campesinos españoles y portugueses, a los dos o tres años de estar viviendo y trabajando con obreros o campesinos franceses, hablan un idioma que ya no se sabe lo que es; ellos mismos no lo saben ni les importa porque los otros les comprenden. Sus compañeros de trabajo les comprenden perfectamente y hablan entonces una mezcla de español y francés que cuando uno tiene sentido del humor puede resultar sumamente divertido, por ejemplo una señora española a quien le he oído decir: “¡Ay, cómo me duele la teta!”. Yo también me río, pero al mismo tiempo es trágico porque esta señora no se da cuenta, cree estar hablando en español y no se da cuenta de que se le está metiendo el francés y ya no puede hacer diferencia entre una palabra y la otra. Eso se presta a toda clase de chistes y bromas. Sucede lo mismo con los habitantes de Puerto Rico en Nueva York; ustedes saben que se hacen infinitas bromas sobre el lenguaje que muchos de ellos hablan, que ha dejado de ser español y se mezcla con una dosis tal de inglés y no hay reflexión crítica posible porque falta ese nivel de educación que les permitiría tener conciencia del lenguaje. Volviendo a su pregunta, que me ha ofendido un poco, dicho sea de paso: mi lengua es el español y lo será siempre. 

ALUMNA : Pero mire que

No, lo de la ofensa es en broma.
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