14 de septiembre de 2011

La Guitarra y la Mujer - (de Un Desconocido)

La guitarra no sólo es la música (con todas sus posibilidades orquestales latentes) en forma de mujer, sino, como todos los instrumentos musicales inspirados por la forma femenina – viola, violín, mandolina, violoncello, contrabajo-, el único que representa a la mujer ideal: ni grande ni pequeña; de cuello alargado, hombros redondos y suaves, cintura fina y ancas plenas; cultivada pero con jactancia; remisa a exhibirse en la mano de aquél a quien ama; atenta y obediente a su amado pero sin pérdida del carácter y la dignidad; y tierna, sabia y apasionada. Hay mujeres-violín, mujeres-violoncello y hasta mujeres-contrabajo. Pero de qué modo se rehúsan a establecer esa íntima relación que ofrece la guitarra; de qué modo se niegan a permitir el canto, prefiriendo convertirse en objeto de solos o en parte de orquestaciones como no saben responder al contacto de los dedos para vibrar – en beneficio de agentes excitantes como arcos y púas, siempre quedarán relegadas, finalmente, por las mujeres-guitarra, que un hombre, cada vez que lo desee, puede tener cariñosamente entre sus brazos y pasar con ella horas de maravilloso aislamiento, sin necesidad de sostenerla en posiciones poco cristianas, como ocurre con los violoncellos, ni estar obligatoriamente de pie delante de ellas, como suele acontecer con los contrabajos.

¡Divino, delicioso instrumento que combina tan bien con el amor y todo lo que, en los instantes más bellos de la naturaleza, induce al abandono maravilloso!. Y no es porque sí que uno de sus más antiguos ascendientes se llame viola d´amore, como preanunciando el dulce fenómeno de tantos corazones heridos a diario por el melodioso acento de sus cuerdas…

Hasta en la manera de ser tocada – contra el pecho. Recuerda a la mujer que se anida en los brazos de su amado y, sin decirle nada, parece suplicar con besos y caricias que él la tome toda, la haga vibrar en lo más hondo de sí y la ame por encima de todo, pues de lo contrario ella nunca podrá ser totalmente suya.

Ubíquese en un cielo alto una Luna tranquila. ¿Acaso pide un contrabajo? ¡Nunca! ¿Un violoncello? Quizá, pero sólo si detrás de él hubiese un Casals. ¿Una mandolina? ¡Ni por asomo! Una mandolina, con sus tremolos, le perturbaría el éxtasis luminoso. Y entonces (me dirán) ¡ qué pide una Luna tranquila en un cielo alto? Y yo les contesto: una guitarra. Pues de entre los instrumentos musicales creados por la mano del hombre, sólo la guitarra es capaz de oír y de entender a la Luna.

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